Todo pasa por algo…

25 03 2010

Con mucha ilusion, curiosidad y ganas de aprender llegue al monasterio budista. La disciplina del monasterio era dura: hombres y mujeres estrictamente separados, silencio absoluto, cada uno tenia su “celda” con una cama y un cojin de madera, no habia electricidad, ni duchas, ni ventiladores… cualquier estimulo o lujo se consideraba inecesario.

La campana sonaba a las 4 de la manyana, hora en la que nos dirigiamos a la sala de meditacion para empezar el dia meditando, luego un monje nos explicaba su vision del mundo… y asi hasta las 9 de la noche.

El programa consistia en meditaciones guiadas, charlas de los monjes, canticos budistas y mas meditacion. Habia 3 “descansos” de 2 horas en los que se comia, se hacian tareas comunes tales como limpiar banyos, barrer… y se tenia tiempo para dedicarse a la higiene personal. Como no habia duchas habia que lavarse sacando el agua de un barrenyo cubierta con un pareo de pies a cabeza, ya que estaba totalmente prohibido ensenyar carne. Al principio me costaba pero perfeccione la tecnica y ahora tengo la “ducha asiatica” controlada.

A las 9 de la noche todos teniamos que estar en la “celda” durmiendo, cosa que yo hacia encantada ya que despertarme a las 4 me mataba.

El tema comidas tambien me resultaba dificil: habia un desayuno a las 8 (arroz, verdures y hojas de lechuga a secas) y luego una comida a las 12.30 del mediodia que consistia en mas de lo mismo. Despues de eso casi 20 horas de ayuno.

En mas de una sesion de meditacion me quedaba medio dormida del cansancio o me ponia a pensar en comida! Estoy convencida de que no era la unica. Todo esto tenia como objetivo acercarnos a Buddha (ya que el se despertaba a las 4, dormia sobre un cojin de madera, etc…) y ponernos mas en contacto con la naturaleza. Permanecer en silencio me resultaba dificil y la cabeza a veces me iba a mil por hora pero ese era el objetivo de toda la experiencia.

Donde empece a tener serios conflictos fue con todo el contenido dogmatico que nos largaban los monjes sin que hubiese posibilidad de argumentar y preguntar. Los monjes que nos “guiaban” llevaban viviendo en sus cabanyitas en el bosque, apartados de la civilizacion, meditando y estudiando libros budistas entre 16 y 60 anyos. Su vision del mundo era muy diferente a la mia. No paraban de hablar del sufrimiento al que estamos condenados por el echo de nacer y que la unica manera de escapar de el era practicar la meditacion que ellos ensenyaban (annapanasati) y llevar una vida ascetica con la esperanza de alcanzar asi la iluminacion.

Obviamente a mi esto me chirriaba por todas partes pero entiendo que el negocio de las religiones radica en dar esperanza ya sea en forma de paraiso, cielo o iluminacion!

No podiamos hablar con los monjes, pero si escribirles nuestras preguntas y dudas al respecto de sus ensenyanzas. Yo les puse 2 preguntas a las que no contestaron en los 8 dias que aguante alli adentro. Supongo que no tenian idea de que responder ya que mis preguntas relacionaban su doctrina con la vida practica a la que yo estoy expuesta y que ellos desconocen.

Visto que no soporto las doctrinas, las normas rigidas y que para estar en contacto con la naturaleza prefiero irme de trekking decidi irme del monasterio despues de 8 dias, no sin antes cuestionar mucho mi decision y preguntarme seriamente si no estaba huyendo ya que obviamente no me encontraba en mi zona de confort.

Convencida de que hacia lo correcto, sali del monasterio con una sonrisa enorme en mi cara, feliz porque mi corazon me decia que la vida es preciosa y que yo la quiero celebrar cada dia! No tenia ningun plan. Camine 2 km para llegar a la carretera y fui enganchando buses y taxis en direccion playa. En el cuarto taxi coincidi con una pareja joven. Su acento me era familiar y al decirme que eran chilenos me emocione. Los primeros chilenos que me encontraba en mas de 4 meses de viaje! No solo podia hablar, sino que podia hablar en mi idioma! Enseguida les explique que mi madre es chilena, que mi familia vive en Santiago, que mis padres estaban de viaje por el sur de Chile… Cuando me empezaron a preguntar que tal estaba mi familia no entendia de que hablaban.

Una vez mas he comprobado que las casualidades no existen. Todo pasa por algo…

Me explicaron que habia habido un enorme terremoto en Chile y yo la verdad es que seguia sin reaccionar del todo. En cuanto llegamos a nuestro destino me meti en internet y me puse al dia: mi primera noche en el monasterio un terremoto habia sacudido Chile, toda mi familia, amigos y Joan (que tambien estaba alli) estaban bien. Tenia mails de mis padres explicando lo que para ellos, por suerte, solo habia sido un susto. Poco a poco me puse muy triste. Recorde la sensacion de desolacion y tristeza que vivi en el 2007 cuando estando en Peru un terremoto arraso el sur.

Me senti estupida por haberme pasado 8 dias escuchando a unos monjes hablar del sufrimiento y contemplando mi ombligo mientras que todo Chile sufria. Y me senti muy sola. Me di cuenta de lo lejos que estoy de todos mis seres queridos.

Anita y Sebastian, la pareja de chilenos con la que ya he acordado hacer una cata de vinos cuando vaya a Chile , me llevaron a la playa, a comer, a cenar y me entretuvieron con las historias de su viaje. A su vez, yo me desahogue contandoles mis experiencias en el monasterio.

Paseando con ellos vi un cartel que anunciaba yoga en una isla cercana. Decidi que era justo lo que necesitaba para limpiar el coco! Al dia siguiente cogi el barquito que me llevo a Koh Yao Noi. En el embarcadero, mientras negociaba con un taxista para llegar al sitio de yoga se me acerco una chica diciendome que ella tambien habia venido a hacer yoga. En los 20 minutos que tardo el viaje hasta la escuela de yoga no paramos de hablar. Enseguida conecte con Nicola, una inglesa de 32 anyos que acababa de certificarse como profesora de yoga! Cuando llegamos y nos dijeron que solo quedaba un bungalow con cama de matrimonio nos miramos con cara de duda, sonreimos y decidimos compartir habitacion! Era la primera persona, desde mi trekking en Nepal, con la que compartia habitacion ya que valoro mucho mi privacidad.

Ese mismo dia conocimos a Dave, el professor de yoga, que a su vez es escalador. Yo no tenia ni idea de que en Koh Ya Noi habia escalada. Desde que hace 4 anyos me rompi las 2 munyecas escalar y cualquier actividad parecida me da panico. No obstante, al dia siguiente me apunte con Dave y Nicola y nos fuimos a escalar. Dave me tranquilizo mucho aplicando yoga a la escalada. Ademas, comprobe que mis antebrazos estaban muy fuertes de hacer yoga y que me sentia a gusto! Mientras Nicola escalaba yo le iba contando a Dave mi experiencia en el monasterio, mis ganas de meditar y el compartia conmigo su vision y su experiencia meditando desde hace mas de 20 anyos.

A pesar de no haber sido mi plan inicial me he quedado 2 semanas en Koh Ya Noi. Por las manyanas meditabamos en la playa, haciamos yoga y luego nos ibamos a escalar. Nicola (que escala desde hace anyos) y yo fuimos adoptadas por un grupo de escaladores que pasan largas temporadas en la isla abriendo nuevas vias. Nos apuntabamos con ellos en barco o en kayak para llegar a vias que se encuentran en otros islotes, haciamos picknicks en la playa en los que nos comiamos las barracudas que pescaban y por la noche nos reuniamos en el Sea Gipsy para cenar todos juntos. En total, en la isla debe haber unos 30 extranjeros “semi residentes”, asi que ha resultado muy facil sentirse en familia.

Han sido dias de naturaleza, vida sana, reflexion y mucho aprendizaje. He aprendido mucho mas conversando con Dave y Nicola que en 8 dias en el monasterio. He descubierto que te encuentras a las personas adecuadas en el momento adecuado, que los “maestros” no estan en un monasterio y que son ellos los que te escogen a ti. Ninguna situacion se puede forzar, todo pasa por algo y siempre que escuche y siga mi corazon acertare!








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